domingo, octubre 03, 2010

KING KRÓL

El gato avanza muy lentamente por el pasillo, con la panza pegada al suelo, como hacen las leonas del Serengeti cuando están cazando (¡Cómo me gustan los documentales africanos de la2!). Observo el gesto de concentración de Król mientras busca su objetivo, su ojos amarillos totalmente fijos apuntan hacia la puerta entreabierta, no pestañean, y pudiera hasta pensarse que ve a través de la pared. Todo su cuerpo es tensión y fuerza contenida, y percibo claramente en él una parte salvaje que todavía conserva y que no puede disimular, que aflora claramente en estos juegos.

En realidad su pelaje dista un poco del “Rey de la Selva”, pues el color marrón-anaranjado de Król es un poco listado, con rayas. Además tiene las patas blancas y así también el vientre, por lo que seguramente sería más acertado compararlo con un tigre. Sí, sí, un tigre; si Król pesara 200 kilos y no 5 definitivamente sería un tigre. Sigo observándole, si bien por su pelaje queda bastante bien mimetizado con el parqué de casa, el pasillo carece de los arbustos y piedras típicos de la sabana africana, y ante la falta de cobertura nuestro gato parece ansioso y no puede demorar más el ataque. Ahí va...

Las risas rebotan por las paredes del pasillo y me llegan entremezcladas con fuertes pisadas, golpes y ruidos de trifulcas encontradas.

Una bala/bola anaranjada y blanca cruza fugazmente mi mirada, y al galope brioso se aleja con la cola totalmente erizada, que hasta triplica su volumen normal. Dos cuerpos por detrás aparece Ella persiguiéndole, se ríe con profusa alegría, en júbilo desatado, y con unos aires traviesos que me resultan muy atractivos. A medio camino abandona la persecución y se esconde en la otra habitación.
El gato llega al final de la casa y con un gran derrape, y no sin algunas dificultades, consigue evitar en el último momento el golpe contra la pared. Se gira rápidamente para contemplar el corredor, que ahora está vacío, y ladea la cabeza con semblante pensativo. ¿Dónde se habrá escondido ahora? ¡Es tan fácil leerle el gesto! jejeje

Ella se asoma de nuevo tras la puerta, tan solo 1 segundo, y se esconde. Se asoma y se esconde, y así repetidamente. El felino avanza medio metro y se para de golpe, ella ha vuelto a asomar la cabeza y sus ojos azules le han paralizado, con el gesto congelado espera un momento hasta que la víctima se vuelva a ocultar, y así poder avanzar un poquito más, sólo quiere llegar un poquito más cerca de la presa, sólo dos palmos más y...
Es mucho más divertido observarles mientras juegan que mirar el partido en la TV. Me agrada ver su rostro contento y como las risas que profiere se adhieren de manera invisible a las paredes de la casa, como sucedería con la metralla y los restos de una explosión, pero ésta de felicidad. Esas mismas paredes amarillentas que hace 10 meses nos recibieron con una mezcla de ilusión y miedo, y que rápidamente pintamos de blanco. Esos muros que poco a poco han ido absorbiendo nuestras energías, risas y lloros, calándose de nuestras historias de diario... paredes que antes no conocíamos y que ahora consideramos nuestro hogar.

Todo es barullo, risas y correrías, y yo me lo miro embelesado. Sostengo una revista entre las manos pero ya no me acuerdo del párrafo que abandoné, y en la tele han cambiado de programa y no me había dado ni cuenta, lo cierro todo. Observo sus persecuciones por el pasillo mientras mis dedos ciegos buscan un CD en la estantería. Retomo mi asiento justo en el momento que el gato entra en el salón a 300 Km/h... ¡Por poco me atropella! Y de nuevo un quiebro, un cambio de dirección y sale escopetado hacia el otro lado de la casa. Król quiere acelerar muy rápido pero sus patas resbalan sobre el parqué y como pasa en los dibujos animados durante un segundo se agita con fuerza sin conseguir moverse del mismo sitio, ¡es muy cómico!...

Le doy al “play” y la minicadena -gran regalo de Ella- anuncia como Louis Prima empieza a acariciar las primeras estrofas de "I Wan’na be like You", tomando el papel del carismático Rey Louie (el Libro de la Selva). Ahora ya estamos más ambientados.

Una brisa leve pero fresca me acaricia la nuca, y de propina me regala una excusa. Las risas rebotan por el pasillo y me llegan acompasadas en tiernas oleadas que inundan la casa, y yo me apuro a cerrar la ventana para que no se me escapen.

No hay comentarios: