lunes, noviembre 03, 2008

LA CUERDA

Si hay algo verdaderamente importante bajo este cielo son las múltiples cuerdas y lazos que, en forma de amigos, familia, pareja, etc. nos mantienen mentalmente sanos y bien “sujetos” a la realidad que nos rodea. Cabos y amarras que impiden que seamos absorbidos por la locura de este mundo; aquella que se pasea impune por las calles de nuestros días y que aparece con demasiada frecuencia en las páginas de sucesos de algunos periodicuchos (si conocéis la “página de los horrores” del Qué!, sabréis de qué estoy hablando).

Como las amistades son múltiples y variadas así lo son también las comentadas amarras. Algunas son más bien finas, otras mucho más gruesas y sólidas, como cadenas de hierro colado. Quizás perderemos algunas que en hilillos finos y delicados se romperán sin apenas darnos cuenta, pero otras amistades son como gruesas y pesadas sogas atadas en complicados nudos marineros, totalmente indestructibles y ajenas al paso del tiempo.
Particularmente larga -477 kilómetros- es la cuerda que une mi Barcelona con Caudete (Albacete), dónde mi amigo Kiki se fue a vivir hace ya un tiempo. Este pasado fin de semana recorrimos esa distancia (¡Que gran colega de viaje, el genial Dore!) para disfrutar de unos días de su compañía y de la gran hospitalidad brindada por su familia y amigos. Al grito del “¡Que no falte de ná!” las horas en Caudete se revelaron intensas y emocionantes...

Fue un mucho de todo (de risas, recuerdos... de platos y vasos) en demasiado poco tiempo, y quizás me dejé un poco de salud en el “intercambio de golpes”. Eso sí, me traigo del viaje 2 ó 3 kilitos más de barriguita, y sobre todo la sensación de haber comprobado que la cuerda se encuentra en perfecto estado. Me reconforta y enorgullece la idea de saber que -pese a que la distancia y el tiempo se empeñen en entrometerse- en caso de necesidad y tirando de la cuerda aparecerá, raudo y dispuesto, un buen amigo prendido del otro extremo del cabo.

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