sábado, octubre 25, 2008

¡QUÉ RICO, BEBO!

Con pasitos titubeantes, muy cortos y algo desacompasados, entra Bebo Valdés en el escenario.

Una estruendosa ovación del público le recibe calurosamente; la sala –llena hasta la bandera- se pone en pie y prolonga esos aplausos durante casi tres minutos. No ha empezado todavía el concierto (en realidad Bebo ni se ha acercado al piano) y ya tiene a la gente rendida y totalmente entregada.

Ayer fui al concierto de Bebo & Chucho Valdés en el Auditori, en la inauguración del 40 festival de Jazz de Barcelona. Nunca había visto al mito cubano en directo y no sabía muy bien que me depararía la noche, pero después de tan atronadora y exagerada ovación comprendí al instante que todo lo que había leído sobre él era cierto... No había sonado ni una nota y ese pequeñito abuelete de 90 años ya había triunfado. Traía al público en el bolsillo -ganado desde casa, hipnotizado- y eso dice mucho de su obra. La gente era feliz solo con verle y su cara huesuda era toda ella una sonrisa cómplice.

Ya me lo habían contado, y la evidencia ahora ya no me dejaba duda alguna: aquella figura menuda y enclenque, que bajo el foco evocaba extrema ternura y cariño, era en realidad todo un gigante, un monstruo... un genio!

Creyendo de pies juntillas en esa idea me dispuse a disfrutar de la música. Relajé mi cuerpo y focalicé toda mi atención en los Valdés, padre e hijo, preparado para no perderme ni una chispa de toda la magia que emanara de sus dedos. Ambos, Bebo y Chucho, se sentaron a los pianos (uno enfrente del otro, en una batalla armónica y delicada, confrontados pero coordinados al mismo tiempo)... y empezó el recital.

No se muy bien como explicar lo que sentí, lo mucho que me gustó. Hay veces que con el diccionario no alcanzas para describir según qué cosas, y francamente, perder aquí el tiempo intentándolo cuando puedo alargar un poco el brazo hasta la torre de cd’s...
...A ver a ver... aquí está! Vamos a poner algo de buena música...

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