sábado, septiembre 29, 2007

SOPLA-VELAS

Siempre es grato celebrar un aniversario, aun cuando los amenazantes 30 ya están a la esquina. Rodearse de amigos, atacar una buena fideuá (con su all-i-oli, bendito invento!), y poder contemplar el vaivén de las olas acariciando la arena... eso es sacarle jugo a un festivo!
Para Megam y Edu, ¡muchas felicidades! Y a los otros, una invitación a organizar otras comilonas en futuras celebraciones. Quizás engordemos un poco, pero sacaremos un puñado de buenas instantáneas como estas...









jueves, septiembre 20, 2007

VENDETTA AMARILLA

La semana pasada acabé muy "girao" con el partidito de fútbol sala del viernes.
No fue por no haber marcado ni un gol (y fallé alguno que...), tampoco por las múltiples patadas que recibí -en número muy superior a lo habitual-, ni por perder 5-4 el partido; no, no... Creo que lo que me tocó las narices de verdad fue que, tan desquiciado como estaba, acabé por no disfrutar en absoluto del juego.

Los partiditos de fútbol sala semanales se están convirtiendo para mi en una ansiada droga, que me deja el cuerpo y la mente como nuevos. Es como si me "reseteara" por entero, regateando y desbordando a las tensiones y preocupaciones acumuladas, que quedan al final tendidas y vencidas sobre la hierba del campo de juego. Y si una semana me quedo sin partido, o no consigo disfrutarlo... algo me quema por dentro!

Sea por A o por B, al día siguiente se me incrustó en la cabeza la idea de que necesitaba unas botas nuevas para jugar, como si al estrenar calzado pudiera borrar de mis pies las malas sensaciones del último partido, a modo de ritual de purificación o algo parecido... que gilipollez, no?
La verdad es que mis viejas Adidas indoor están echas polvo y se merecen un buen descanso (ya sólo pisaran parquet o buen suelo a cubierto), y en seguida me enamoré de unas "Nike Laser Total 90" en oferta. Son las que calzan Márquez, Puyol, Zambrotta, Iniesta, Bojan Krkic, etc. en el Barça, y aunque la mayoría de ellos las lucen en color blanco yo me he decantado por un amarillo fosforito muy cantón que creo me infundirá energía, jejeje..

Ya estoy esperando con ansias el próximo partidito, el tiki-taka con mi colega Kurmà, los goles, las entradas duras, la cervecita postrera, etc. Me voy a resarcir por completo del mal sabor de boca que me quedó la última vez y calzado con mis nuevos botines amarillo-chillón voy a protagonizar, al mejor estilo Kill Bill, mi particular vendetta futbolística.

martes, septiembre 04, 2007

RITUALES

Estaba de vacaciones. Cada mañana el mismo ritual. Con la cara lavada salía al jardín a saludar a Megam y a Cristián, que café en mano departían sobre lo bien que en esa casa se descansaba. Después avanzaba hasta el final del camino de baldosas (como en el mago de Oz, ese también era un mundo "mágico") y al llegar al borde de la piscina me paraba unos segundos a contemplar el paisaje: ondulantes campos de brochazos verdes y marrones bajo un azul limpio... y la casa más cercana una mancha blanca a medio Km. de distancia. Después abría los pulmones al máximo para inhalar ese aire fresco, que me parecía tan puro... y al final lo mejor de todo, pisar descalzo la hierba. La hierba que siempre estaba húmeda. ¿Cuanto hacía que no pisaba hierba fresca, verde, viva...?¿Y cuándo volveré a pisarla? Puta ciudad de cemento, jodida baldosa grisácea. La gente iba desperezándose a su ritmo, apareciendo una a una por la puerta del jardín en un particular desfile de pijamas de programación matinal diaria.
La verdad es que moverse al son de 12 almas no fue tan difícil como parecía en un principio. Todo el mundo arrimaba el hombro cuando tocaba, y si querías reírte con alguien siempre alguno estaba dispuesto, para cotillear lo mismo, etc... Y si a quien buscabas un rato era a ti mismo también se respetaba y entendía (importantes ambas cosas)... En muchos aspectos nuestra micro-sociedad fue un gran ejemplo de buena coexistencia.
Después la playa. Pero ojo, ir a la playa allí no significa lo mismo que en la City, no, no. ... Sí, es cierto, había que pillar los mismos bártulos: la toalla, las chancletas, las palas y el bañador (bueno, allí eso último era opcional) pero a partir de ahí la similitudes se acaban. El agua no tenía el mismo color, la gente no iba por ahí gritando como idiotizada, no olías la fritanga del chiringuito cercano y si algo en el agua nadaba cerca de ti era seguro un pececillo, no una colilla o un plástico ...¡Hasta la arena me parecía menos molesta...!
Y en un sitio así, tan repleto de cosas fantásticas, es paradójico pensar que lo que más gustosamente saboreé fueron algunas ausencias.
La falta de teléfono y su quejoso timbre, la ausencia de ruido -esa paz nocturna- y también la inexistencia de un alumbrado público que nos privara de otear el cielo estrellado; y así la función de cada día se cerraba con un telón negro salpicado de centenares de millares de brillos. Estrellas y constelaciones del espectáculo de la noche del que aquí no gozamos por precisamente querer ver tanto, ironías de la vida...

"Podría alargar aquí mis vacaciones indefinidamente", esa frase se oía constantemente de alguno de nosotros. Es fácil acostumbrarse a lo bueno.
"...a tus atardeceres rojos se acostumbraron mis ojos... " que decía Serrat en Mediterráneo. Y es precisamente de ahí –de un rincón del Mediterráneo- de dónde tantas cosas extraño. Ya volví de vacaciones, ya regresé de la paradisíaca MENORCA. De allí me traigo las “pilas" recargadas, buenos recuerdos (y fotos comprometedoras), muchas ganas de volver otro año y un puñado de cifras y letras que, en forma de teléfonos y direcciones de e-mail, me abren a nuevas personas y sus mundos. De esto último esperemos nazcan nuevas historias y recuerdos tan gratos como estas vacaciones.
Pero ¡Ay de mi, retomé el antiguo ritual!. Por la mañana abro un ojo y veo al jodido despertador amenazándome con la hora, demasiado temprana para mi cansado cuerpo y tremendamente tarde para llegar bien al trabajo. Me levanto y me meto corriendo en la ducha, me visto y salgo al balcón. El vecino-guiri en calzoncillos de enfrente ni me saluda, creo que no me ve. Podría estar durmiendo, o borracho, o muerto, quién sabe... Miro el cielo intentando adivinar el tiempo y el gris de sus nubes se confunde con los edificios. Respiro hondo pero este aire no me infunde ninguna vitamina, resoplo asqueado. Cojo las llaves y antes de partir en busca del Metro entro de nuevo en la habitación a despedirme de Megam. Está dormida y bien tapada hasta las orejas, su expresión denota mucha calma, es casi de paz absoluta. Le beso la frente y la vuelvo a mirar, ahora se le intuye una pequeña mueca, casi diría una sonrisa. Quizás esté soñando. Sí, sí, seguro. Me despido y ajusto el balcón para que no entre el ruido. Y en el crujir de la puerta noto como una pequeña punzada de envidia se clava en mí ser... seguro que ella está soñando en sus rituales menorquines.