lunes, julio 09, 2007

HACIENDO LA IGUANA

Miras y ves el arenal a rebosar de gente. Si encuentras un sitio entre la marabunta evidentemente será en pendiente, o en una zona llena de bultitos, y si alisas el terreno con el pie encontrarás seguro algo de mierda (colillas, plásticos, etc.). Te instalas como puedes. Si te pones panza arriba te quemas, si te pones panza abajo te abrasas, si estas simplemente sentado te achicharras...

La crema con la que te untas estará caliente, y cuando cambies de mano para hacer la otra parte del cuerpo la botellita se te escurrirá. Si intentas leer el periódico la brisa que antes deseabas y no tenias aparecerá llevándose todas las hojas (no existe término medio, o calma total o viento huracanado). Si quieres leer un libro te vas a joder la vista forzándola, y si te pones gafas te va a quedar una marca pijoteras tipo esquiador de Baqueira.

Si alguien juega a las palas acabaras recibiendo un bolazo, si no tienes vecinos estúpidos y chillones, no sufras... están al llegar. La gente se traerá sus animales: hijos, perros, loros e iguanas (sí, vi una iguana ayer, lo juro) y todo se transformará en un gran zoológico. Los adorables niños de la zona correrán chillando por todos lados y acabarás deseando la extinción de la raza humana. Aunque tú veas un claro pasillo de 3 metros hacia el agua todo el resto de la gente cruzará pegadita a tu lado y en pocos minutos en tu toalla podrás rebozar 100 croquetas. La arena se te meterá por recovecos corporales que desconocías tener y tu ropa será digna de un beduino sahariano.

Los vigilante/as de la playa nunca serán como en la tele. Si vas al agua siempre está fría, y antes de que puedas meterte voluntariamente alguien se encargará de salpicarte con ganas. Encontrarás seguro alguna piedrecilla en el fondo con la que lastimarte y ten por seguro que si hay una alga o medusa por ahí flotando te va a tocar a ti... y por supuesto el bañista que tengas más próximo siempre tiene cara de estar meando en ese instante.

Coño, admitámoslo ya, LA PLAYA es cuanto menos incomoda.

Y aun así no podemos evitarlo. Es llegar el buen tiempo y el solecito y a todos nos llama la playa (en mi caso Megam me arrastra bastante, aunque he de admitirlo yo voy de buena gana). ¿Qué tendrá tan insólito paraje que la gente acude allí a sufrir en masa? Es un misterio...

Ayer noche pasaron en el telediario imágenes de la Barceloneta a rebosar de gente, todos cual lagartos tostándose al sol. Y aunque no pude distinguirme entre tanta carne se me escapó un medio grito de alegría: ¡Mira, ahí estuve yo haciendo la Iguana!

A PEDALES

Recientemente he redescubierto un placer de infancia olvidado, la bicicleta. Y todo gracias al nuevo servicio de “bicicleta pública” (Bicing) del Ayuntamiento de Barcelona, que me parece una idea sencillamente cojonuda. Si alguna vez hay que criticar a los políticos yo soy de los primeros, pero es justo también destacarles cuando están acertados, y el Bicing, bien llevado, pudiera ser la “revolución ciclística” que el Ayuntamiento de BCN tantos años llevaba reclamando.

Las bicicletas están muy “apañadas” y el servicio es muy fácil de usar, muy cómodo. Espero que el Bicing consiga sobrevivir al terrible éxito que ha tenido -sus responsables esperaban 15.000 abonados a final de año y hoy, empezado el mes de Julio, ya somos más de 80.000-, lo que provoca muchas veces que en las paradas falten bicis (tremenda demanda, muchas averías, etc.).

Si el ayuntamiento de Barcelona consigue multiplicar el número de paradas y bicicletas, y sobretodo el de carriles específicos para transitar con ellas, quizá consiga arraigar entre la gente el uso de este ecológico y divertido transporte. ¡Ojalá sea así y transitar por la ciudad sea un acto mucho “más amable”!

Por lo pronto yo “estoy regalao”, con una parada de Bicing a escasos 20 metros de mi portal cada vez que salgo de casa agarro el mapa y trato de ver si mi destino tiene posibilidades bicicleteras, y si las tiene no lo dudo un instante... A pedales!!!