viernes, noviembre 11, 2005

EL NIÑO, EL TIGRE Y EL VAGO

Calvin & Hobbes es la mejor tira cómica del mundo. O eso creo yo. Poco a poco en mi estantería se van acumulando volúmenes y no pierdo una ocasión para entrar en una librería y averiguar si hay alguno nuevo. Por alguna razón me cautivan las aventuras de este niño rebelde y su tigre “de peluche”. ¡Y me encanta el sarcasmo que gastan sus padres! (sin duda deben recurrir al humor para no enloquecer).
Pillo un cómic y me “repantingo” en mi confortable butaca orejera con los pies en alto, el trompeteo ágil de Dizzy Gillespie de fondo y un refresco que me endulza el momento... ¡el verdadero paraíso! .
Me agrada degustar los cómics pacientemente, página a página y viñeta a viñeta sin perder ningún detalle del dibujo, y saborear así todos los matices que el autor nos regala. ¡Cuanto poder adquiere un simple lápiz paseándose sobre el papel virgen! Quien opina que el cómic es un género menor sin duda no sabe lo que dice. Y no sólo de humor se nutre el cómic, que los hay de aventuras, de miedo, de ciencia-ficción, de amor... es como ver una película desmenuzada en fotogramas!
Mientras la tarde languidece las tareas pendientes se van “aporronando” una sobre otra en un equilibrio precario, y con en el paso de las páginas y viñetas también las manecillas del reloj avanzan (¡qué cabrón el tiempo, que parece correr cuando disfrutas y que se duerme si lo estás sufriendo!); Y las sonrisas se suceden -alguna carcajada de vez en cuando-, un sorbito de refresco, una pausa para tararear algún compás de jazz pegadizo...
... y así hasta que me veo obligado a bajar los pies al frío suelo y abandonar a mi felino favorito y su perturbado amigo. Cierro el libro y lo coloco ordenadamente en su sitio con el conocimiento reconfortante de saber que estará ahí la próxima vez que lo necesite, pero mientras repaso asqueadamente la lista de pendientes la mano inconsciente se desvía unos centímetros y acaricia el volumen anexo.
... y Calvin y Hobbes se escapan de nuevo por la ventana.