DIARIO DE PRUEBAS
No es tan grande la atracción que siento por este mundo de "la gran red" como la sensación de que pertenece a algo ajeno a mi realidad, algo mágico. Y en mi miedo propio de cavernícola frente al negro monolito, va y aparece mi amigo Ayma y me abre una puerta.
Usaré el regalo de este blog como herramienta para experimentar, para modelar lo que en un futuro quiere ser algo más complejo y poliédrico. Debo dejar mi vicio del lápiz y el papel, bufff... no tengo duda que ésto será un parto largo y difícil.
Mientras tanto he aquí las memeces de alguien que se siente un tanto perdido, contemplando por la "ventana" de su escritorio las estrellas de un mundo vecino. Brillos y destellos que se ven, pero que no se pueden palpar ni estrujar, y que muchas veces apenas se entienden.
Y en mi afán por descubrir (por querer ser también un mago), ahí van este blog y estas letras.
Después del repaso me sobreviene una primera impresión positiva, pues me agrada mucho reconocerme en esas líneas. Me gusta comprobar como las canas y kilos añadidos son sólo eso, añadidos, y que bajo un aspecto más rechonchote y ajado se encuentra todavía el mismo goodalien. No esperaba otra cosa tampoco -no creo yo haber cambiado mucho- pero en esta vida tan voluble y sorprendente es precisamente eso lo que a veces reconforta, encontrarte de frente con lo que esperas. Como mínimo esto debería significar que 5 años de bloggear no pasan tan mala factura, así que de momento tiramos “palante”. Som-hi!
Goodalien empezó un día lentamente, redactando para nadie sus historias y quehaceres diarios, que le retornaban con ese eco grave y profundo que producen las estancias vacías. Luego fueron incorporándose a sus locuras unos pocos valientes, que por amistad, cortesía o por simple curiosidad aterrizaron un día en su página. ¡Algunos hasta quisieron quedarse! Y por ahí el primer sorprendido fue este mismo redactor...
Cosas de la vida cambiante (lo que decíamos antes, nunca para quieta): La semana pasada me ofrecieron un cambio de púlpito y me propusieron para un nuevo escenario, uno de esos gordos con aforo para decenas de miles de personas. Y he de reconocerlo, no tendría sentido engañaros ya a estas alturas, que me entró algo de vértigo presentarme ante tanto desconocido. Collons quin canguelo!
Pero primero hice un post de prueba, después otro, una tontería por aquí, y otra por allí... y el mundo siguió siempre rodando, aparentemente sin reparar para nada en las dudas del medroso goodalien.
Al final quizá no hay tanta diferencia. Ahora pongo algo en el blog, ahora escribo en Gizmodo, luego twitteo un poco y lo linkeo con el Facebook... escribo una letra junto a otra sin pensar siquiera en su destino. No importa mucho si las palabras son para nadie, para unos pocos o para unos miles. Al final uno escribe siempre para uno mismo, y no pone siempre dirección, aunque sí remitente. A ese pacto llegó goodalien hace ya un tiempo, y no romperemos ahora el contrato.
Me bastaba así hace ya casi 2.000 días, y por lo visto me sigue bastando.
Es mucho más divertido observarles mientras juegan que mirar el partido en la TV. Me agrada ver su rostro contento y como las risas que profiere se adhieren de manera invisible a las paredes de la casa, como sucedería con la metralla y los restos de una explosión, pero ésta de felicidad. Esas mismas paredes amarillentas que hace 10 meses nos recibieron con una mezcla de ilusión y miedo, y que rápidamente pintamos de blanco. Esos muros que poco a poco han ido absorbiendo nuestras energías, risas y lloros, calándose de nuestras historias de diario... paredes que antes no conocíamos y que ahora consideramos nuestro hogar.
A petición suya el camarero le rebajaba la dosis de cafeína (demasiado largo era también demasiado fuerte) y con el arte adquirido que dan los años detrás de una barra precipitaba la leche en su vaso, acertando en el momento final a dar dos golpes de muñeca para que la espuma que flotaba en la capa superior de la jarra se precipitara también en su café. Así, cuando uno tiraba el azúcar, este quedaba dispuesto en una graciosa montañita blanca, bella y efímera a partes iguales, pues la pirámide de fino grano blanco que mágicamente "flotaba" sobre la capa de espuma poco a poco iba absorbiendo líquido y cambiando de color, de la base hacia la cima, hasta que se colapsaba y se precipitaba de súbito hacia el fondo. Esta vez era el blanco iceberg, y no el Titanic, el que se hundía.
Ese mismo Martes por la noche el Barça perdía 3-1 en Milán, resultado que acabó por “alegrarme” el día y que a la postre sería una losa irremontable que dejaría, una semana después, a los blaugrana fuera de la final de la Champions del Bernabéu.











AZULES de fuego, azul intenso en esa llama que baila sola… de la candela que ilumina tenuemente largas confesiones y decenas de risas y besos que robamos al sueño.
Particularmente larga -477 kilómetros- es la cuerda que une mi Barcelona con Caudete (Albacete), dónde mi amigo Kiki se fue a vivir hace ya un tiempo. Este pasado fin de semana recorrimos esa distancia (¡Que gran colega de viaje, el genial Dore!) para disfrutar de unos días de su compañía y de la gran hospitalidad brindada por su familia y amigos. Al grito del “¡Que no falte de ná!” las horas en Caudete se revelaron intensas y emocionantes...
Simplemente diré que fue un concierto ESPECTACULAR, INMENSO E IMPRESIONANTE (una vez más, siento que no pudieras venir Ayma).
El trío calavera entra en un pequeño restaurante y sin mediar palabra el más alto de ellos le clava una puñalada al servicial camarero que se les aproxima, que no tiene ni tiempo para anunciar que el pulpo es la especialidad del día. Se acercan a la barra y agarran por la pechera al cocinero, aprovechando que a éste se le han puesto los cojones por corbata y se ha quedado congelado de miedo (en las pelis siempre que alguien tiene la oportunidad de huir del peligro se le olvida de repente para que sirven las piernas). Allí empieza un intercambio de chillidos ininteligible –¡Oh sorpresa! La peli es en versión original subtitulada- y cuando consigo recuperarme del asombro tomo el hilo de la lectura y entiendo algo sobre dinero pendiente, deudas, amenazas, “el jefe está enfadado”, etc... ¿No es muy original, no?
Y digo yo, ¿No se podía encontrar otra manera de (
En los últimos meses (quizás por miedo a caer enfermo, a encerrarme en mi dolor) me he obligado a diario a vivir con mis gafas mágicas puestas, y no podía salir de casa sin comprobar ante el espejo que las llevaba. Y así a mi ya natural optimismo congénito (eso ya viene de fábrica) le sumaba un buen refuerzo, ¡Que en la calle la vida reparte andanadas de ostias sin mirar a quién ni hacia dónde!

